Mientras Los Altos de Jalisco ardía en guerra armada, en el sureste tropical de México se libraba una persecución religiosa aún más extrema — pero sin cristeros. Tabasco, bajo el gobernador Tomás Garrido Canabal, se convirtió en el experimento más radical de ateísmo de Estado en el hemisferio occidental del siglo XX.
El «Laboratorio de la Revolución»
Garrido gobernó Tabasco en dos periodos: 1920–1924 y 1931–1934. Llegó al poder como protegido del gobernador Francisco J. Múgica; permaneció porque Calles lo vio como aliado ideológico. Sus propios propagandistas llamaron a Tabasco el «Belén del amanecer socialista en América» y al estado el «laboratorio de la Revolución».
Su agenda era totalizadora: desfanatización. Cerró todos los templos del estado. Expulsó a todos los sacerdotes. A los pocos que quedaban los obligó a casarse obligatoriamente y ser mayores de 40 años — una prohibición de facto del sacerdocio católico. Decretó la pena de muerte para sacerdotes no conformes.
Organizó «autos de fe» donde se quemaban públicamente imágenes religiosas, cruces y santos. Tenía una granja con un toro llamado «Dios», un buey y un cerdo llamados «el Papa», una vaca «María» y un burro «Cristo». A sus propios hijos los bautizó Lenin y Zoila Libertad.
Prohibió las lápidas en los cementerios. Prohibió los corsets. Prohibió el alcohol. Tabasco bajo Garrido fue el experimento más cercano que América Latina tuvo a un régimen soviético en miniatura — con una diferencia: Garrido también vendía el plátano tabasqueño a la Standard Fruit Company estadounidense. El ateísmo socialista se pagaba con dólares capitalistas.
Las Camisas Rojas
Para imponer su proyecto, Garrido creó en 1931 el Bloque de Jóvenes Revolucionarios (BJR), universalmente conocidos como las «Camisas Rojas». Uniforme: camisa roja, pantalón y gorra negros. Himno: La Internacional. Reclutaban jóvenes de 15 a 30 años — hombres y mujeres. Funcionaban como fuerza de choque:
- Destruían templos sistemáticamente, ladrillo a ladrillo.
- Golpeaban a católicos que asistían a misas clandestinas.
- Quemaban imágenes y santos en las plazas públicas.
- Asaltaban entierros religiosos.
- Impedían por la fuerza el rezo del rosario en domicilios particulares.
Cuando Cárdenas asumió la presidencia en 1934, Calles — aún «Jefe Máximo» tras bambalinas — impuso a Garrido como Secretario de Agricultura. Las Camisas Rojas marcharon a la Ciudad de México con él. El 30 de diciembre de 1934, frente al Templo de la Inmaculada Concepción en Coyoacán, Camisas Rojas abrieron fuego contra católicos que salían de misa: mataron a cinco, hirieron a muchos más. Garrido envió champagne a los asesinos en prisión y los declaró bajo su protección.
Fue demasiado. Cárdenas forzó la renuncia de Garrido, lo exilió a Costa Rica, y disolvió las Camisas Rojas. Fue parte de la maniobra por la cual Cárdenas se libró de Calles. Garrido murió en Los Ángeles, California, el 8 de abril de 1943.
Graham Greene: El poder y la gloria
En 1938, el novelista británico Graham Greene — converso al catolicismo desde 1926 — fue enviado a México por una editorial londinense para reportar las secuelas de la persecución. Viajó a Tabasco, el epicentro del garridismo. Llamó a la campaña anticatólica «la más feroz persecución religiosa en cualquier lugar desde el reinado de Isabel I de Inglaterra.»
Su diario de viaje — The Lawless Roads (1939) — y sobre todo su novela The Power and the Glory (1940, conocida en español como El poder y la gloria), convirtieron la experiencia tabasqueña en literatura universal. El «cura whisky» — protagonista sin nombre, alcohólico, padre de una hija ilegítima, perseguido por un teniente ateo — fue modelado en parte sobre el Padre Miguel Pro y en parte sobre la leyenda de un sacerdote clandestino tabasqueño. El villano, «el Teniente», es Garrido filtrado por la mirada de Greene.
La novela es considerada la obra maestra de Greene y una de las grandes novelas católicas del siglo XX. Mi lectura personal: la grandeza de la obra radica en que Greene rehúsa el maniqueísmo fácil. El cura es un fracasado; el teniente tiene razón en muchas de sus denuncias del clero rico. Greene vio que la Cristiada fue una tragedia, no un melodrama con héroes y villanos — y eso la hace más verdadera.
La persecución de la Iglesia católica fue particularmente severa en la provincia de Tabasco, bajo el gobernador anticlerical Tomás Garrido Canabal. Su campaña logró cerrar todas las iglesias del estado. Forzó a los sacerdotes a casarse y a renunciar a sus sotanas. Graham Greene, The Lawless Roads, 1939