Treinta y cuatro meses entre el cierre de los templos y el repique de las campanas. Los hechos, en orden, desde la Ley Calles hasta el fin oficial de la guerra. Las fechas y los nombres que definieron la Cristiada.
El decreto establece penas específicas para clérigos y limita el culto público. Se conoce universalmente como la Ley Calles. Entrará en vigor el 31 de julio.
Reunidos en secreto, los obispos mexicanos deciden suspender todo culto público a partir del 1 de agosto. Pío XI respalda la decisión. Es la primera vez en la historia moderna que una conferencia episcopal silencia las iglesias de un país entero.
Los obispos llaman a los católicos a dejar de pagar impuestos no esenciales, dejar de usar el transporte público y dejar de consumir productos controlados por el gobierno. La Unión de Damas Católicas Mexicanas ejecuta el boicot.
A medianoche del 31 de julio, las iglesias cierran sus puertas. Por primera vez en cuatrocientos años, no hay misa del domingo en el país.
Cuatrocientos católicos armados se atrincheran en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. Tras un intercambio de fuego con tropas federales, se rinden al quedarse sin parque. Primera acción armada del conflicto.
El padre Luis Batis Sáinz y sus compañeros laicos Manuel Morales, Salvador Lara y David Roldán son fusilados en Puerto de Santa Teresa, Zacatecas. Los cuatro serán canonizados.
El Papa Pío XI publica su primera encíclica sobre México. Denuncia la persecución pero no autoriza explícitamente la rebelión armada.
Rebeliones coordinadas estallan en Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Colima, Zacatecas. El grito «¡Viva Cristo Rey!» — tomado de la festividad instaurada por Pío XI en 1925 — se convierte en consigna de guerra.
En Guanajuato, los cristeros derrotan por primera vez a las tropas federales en combate abierto. Tres días después, segunda victoria en San Julián, Jalisco.
«El Maistro Cleto» es capturado en Guadalajara. El general Jesús M. Ferreira ordena su tortura. Le cuelgan de los pulgares. Le abren los pies con cuchillos. No habla. Es fusilado esa tarde.
El Padre José Reyes Vega lidera un asalto contra un tren de pasajeros que transportaba oro del gobierno. El tren es incendiado; decenas de civiles mueren quemados. La peor atrocidad cristera del conflicto.
En Zapopan, Jalisco, diecisiete mujeres forman la primera brigada. En seis meses serán 10,000. Al final de la guerra, 25,000. Contrabandean parque en canastas de grano y cemento.
Una bomba arrojada contra el automóvil del ex presidente en Chapultepec lo hiere sin matarlo. Los perpetradores son arrestados. El padre Miguel Pro y sus hermanos son implicados falsamente.
Sin juicio, el Padre Pro es ejecutado en el patio de la Inspección General de Policía. Extiende los brazos en cruz, grita «¡Viva Cristo Rey!» Calles ordena fotografiar todo. Las imágenes se convierten en estampas de devoción.
El general Joaquín Amaro ordena dinamitar desde aire el monumento a Cristo Rey en el centro geográfico de México. La cabeza y el corazón de la estatua sobreviven y son rescatados.
«San Joselito», abanderado cristero de 14 años, es capturado en Sahuayo, Michoacán. Torturado durante tres días. Le arrancan la piel de los pies y lo hacen caminar sobre sal. Es ejecutado mientras grita «¡Viva Cristo Rey!»
En el restaurante La Bombilla, José de León Toral asesina a Álvaro Obregón. Toral es católico, vinculado a la Madre Conchita. Su ejecución en 1929 es presentada por el gobierno como prueba de la «conspiración clerical».
Victoria táctica cristera bajo Gorostieta contra una fuerza federal tres veces superior. El Padre Reyes Vega muere en combate.
Traicionado por un infiltrado federal, Gorostieta es sorprendido y muerto en combate en El Valparaíso, Jalisco. Sus últimas cartas a su esposa Gertrudis revelan — contra la leyenda — una fe católica profunda.
El arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores y el presidente Emilio Portes Gil anuncian en el Palacio Nacional el fin del conflicto. La Ley Calles permanece en los libros. No se consulta a los cristeros en armas.
Por primera vez en casi tres años, las iglesias de México vuelven a celebrar misa pública. El silencio se rompe. Empieza la desmovilización.
Pese a la amnistía prometida, el gobierno ejecuta al menos a 500 líderes cristeros y 5,000 combatientes después del alto al fuego. La «Segunda Cristiada» estalla en 1932 y continúa hasta el cardenismo. Más cristeros mueren después del acuerdo que durante la guerra.
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